El hombre que no quería ser feliz

18 octubre 2008 at 4:39 am (Cuentos, Relatos) (, )

La verdad es que no es feo. Algunas personas incluso piensan que es guapo. No se peina y su pelo es una maraña desarrapada, descuidada y a veces sucia. No huele mal, pero pocas veces huele bien. No le gusta su aspecto, ni su forma de ser, pero se siente bien consigo mismo -y a veces mal-.

Lo único de lo que puede presumir es de sus ojos, grandes y de un color indefinido. Claros. Bonitos. Normalmente consigue que sus párpados impidan ver el color del iris, aunque últimamente usa unas lentillas de color marrón que se compró para no destacar. Se las pone y puede abrir los ojos sin miedo a que alguien se enamore de ellos.

Ni alto ni bajo, ni gordo ni flaco. Perfecto. Ni muy tonto, ni excesivamente listo. Genial. Su pie: un cuarenta y dos. Su talla: una cuarenta y dos. Ciñéndose a la media, sin destacar ni por arriba, ni por abajo. Ni por los lados.

En el colegio se sentaba en los pupitres del medio siempre que podía. Nunca levantaba la mano. Intentaba no sacar sobresalientes. Ni suficientes. No era el más rápido ni el mejor en nada. Tampoco el más lento. Ni el peor.

Estudió una carrera, como tanta gente. Nada del otro mundo.

Ahora vive en un edificio de diez plantas y él ocupa la quinta. El bajo no le gustaba y las alturas le dan miedo. Así que mejor estar por la mitad.

¿Las chicas? No le gustan demasiado guapas, porque alguien podría quitárselas. Pero no se permite estar con feas, porque no le hacen sentir bien. Ni altas, ni bajas. Ni gordas, ni flacas. Ni muy tontas, ni excesivamente listas. Generalmente aquellas en las que nadie se fija. Son las mejores.

Hasta que llegó Ella. Guapa, inteligente. Con un “muy” delante de todo lo bueno. Le hizo destacar. Consiguió que le miraran, aunque seguía sin gustarle todo eso. Incluso se enamoró.

Después vino el daño, algo normal -y que le gustó-.

Todo acabó y Ella convirtió su vida en algo aun más insulso, más gris, más normal. Una vida triste, solitaria, retorcida y angustiante. Justo lo que buscaba. Le encantaba sentirse desdichado y saber con certeza que nunca, JAMÁS, encontraría nada que le hiciera disfrutar tanto como Ella. Había probado lo mejor y lo había perdido. Así que se daba por satisfecho, porque él no quería ser feliz, pero tampoco sufrir. Así que la olvidó -pero no del todo- y se dedicó a vivir una vida lineal, sin sobresaltos. Tranquila, predecible y desquiciante, en la que podía controlar su locura y sus impulsos. Nunca lo dio todo, así que nada podía pedir. Se resignaba con cualquier cosa, así que nada podía esperar.

Murió joven y solo.

Su entierro fue muy normal. Acudieron algunas personas, pero tampoco muchas.

Ni muchas flores, ni pocas.

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