Una tarde en el centro comercial

18 noviembre 2008 at 1:42 am (Cuentos, Relatos)

Era mi día libre, así que decidí ir al hipermercado y hacer unas compras antes de que llegara la época navideña y todo se llenara de gente frenética y deseosa de llenar sus carritos. Precisamente eso era lo que más me gustaba de librar un martes: las tiendas, los bares, los cines y todo ese tipo de cosas estaban vacíos. Uno podía ir tranquilamente a dar un paseo por el centro comercial sin que una multitud lo empujara o le hiciera guardar cola frente a la caja por una hora.

Aun así siempre me encontraba con alguien conocido mientras compraba lo necesario para la semana: leche, pan de molde, aceitunas, vino, rosas, tuercas, anzuelos, tungsteno. Lo de siempre.

-¡Ramiro! -alguien me llamaba a mis espaldas. Frené en seco el carrito medio lleno y miré hacia atrás.

-Vaya Hugo, que sorpresa -dije mirando con recelo su compra.

-¿Qué tal estás, cómo va todo?

-Todo bien, gracias ¿Y tú? ¿Qué tal con Rebeca, sigues con ella?

-No, ya sabes… -me miró apenado.

-Por ese rollo de ser vampiresa ¿Verdad? -le corté con voz comprensiva.

-Eso mismo. Me tenía realmente harto. Pasaba todas las noches fuera de casa y cuando volvía antes del amanecer se posaba en el alféizar de la ventana de mi dormitorio y me daba unos sustos de muerte. Luego claro, follando hasta que amanecía, pero en cuanto aparecía el primer rayo de sol ¡zas! Se metía en su ataúd y hasta la noche siguiente. Me acabé hartando. Además siempre llegaba con la boca llena de sangre de vete tú a saber quién y no quiero coger ninguna enfermedad de esas que hay por ahí. ¿Y tú que tal, estás con alguien?

-Si estoy con una chica, es azul.

-¿Azul? ¿Cómo que azul?

-Joder, pues ya sabes. De color azul. Como eso -dije señalando un pantalón de chándal que colgaba de una percha.

-¡Coño! Menuda suerte, no se ven con frecuencia por aquí ese tipo de mujeres -dijo abriendo mucho los ojos- Y además están buenísimas.

-Lo sé, además me da mucha paz su tonalidad apagada. Me ayuda a dormir. Lo malo es que no podemos tener hijos, porque nos dijo el médico que saldrían violeta con una probabilidad del ochenta por ciento, más o menos.

-¡Uf! Un hijo violeta. Menuda desgracia. Mejor ni lo intentéis.

-Espero que no me deje por un dorado. Ella siempre quiso ser madre.

-Bueno tú no te deprimas, si quieres un día me llamas y nos tomamos una cerveza, que ahora tengo prisa y me tengo que ir.

Se dió la vuelta y me dejó allí solo, frente a mi carrito y mis compras recordando con un poco de miedo lo de mi incopatibilidad cromática, ya que nunca he querido estar solo. Espero que no encuentre uno dorado porque sino…

Seguí serpenteando entre las estanterías, buscando el azúcar. Este Hugo no sabe lo que es tener una novia azul. Come kilos y kilos de azúcar a la semana, alternando el azúcar moreno con la blanquilla, una semana de cada tipo. Nos gastamos un dineral, pero al menos no me pide diamantes.

De todos modos, siempre quise tener una novia verde. Son muy limpias y se alimentan exclusivamente de heno. Además son muy fogosas en la cama y podríamos tener hijos, pero el amor es lo que tiene, no se puede dirigir hacia un color específico del arco iris.

Los dorados se alimentan exclusivamente de aceite de oliva virgen extra, por cierto.

-¡Ramiro!

-Hombre Ginés ¿cómo te va?

-Genial. ¿Sabes que he empezado a salir hace poco con una chica?

-¿Ah si? ¿Y cómo se llama? ¿Cómo es? -vaya día.

-Se llama Paula y es buena.

-¡No jodas! Eso si que es raro -dije realmente sorprendido.

Estuve un buen rato hablando con Ginés. Me contó historias maravillosas sobre su nueva novia. Se le veía muy enamorado, espero que no la cague, porque Ginés se reproduce por esporulación y siempre tiene problemas con las mujeres en la cama, aunque supongo que a estas alturas ya habrá llevado a la práctica mis consejos y será un rey del cunnilingus.

Encontré el azúcar y llené el carro con paquetes. Esta semana toca blanquilla, es más barata.

Tuve que volver porque se me antojó un pulpo para el acuario y como no había gente en la pescadería decidí cometer una locura.

Pagué con tarjeta de crédito y llevé la compra al coche. Conduje hasta casa a toda velocidad -para que no se me muriera el pulpo- y justo cuando estaba entrando en el garaje se puso a llover. Algunos no pudieron resguardarse y comenzaron a derretirse por la calle y sumirse por las alcantarillas.

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4 comentarios

  1. fanou said,

    Me encanta!
    Qué suerte que últimamente estás productivo!

  2. gaitanowski said,

    ¡De todos los que te he leído, éste es el que más me ha gustado, de verdad!
    Me encanta esa habilidad para mezclar el absurdo con la cotidianidad. Además tienes mucho sentido del humor.
    ¡Realismo mágico Old and Deep Castle!

    jajajajja…. ¡Me encanta! 😀

  3. Hérincë said,

    est0y de akuerd0, de t0d0s l0s ke has eskrit0 úLtimamente éste es eL mej0r sin duda =D
    me imagin0 así eL mund0 dentr0 de p0k0 tiemp0.

    * buenas n0ches RKYO

  4. fanou said,

    No sólo no aparecen nuevos, sino que se pierden los que había…

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