Faysal (II)
Empieza en: Si Dios quiere (I)
Tres años después me encontré sobrevolando el aeropuerto de Khaldé, en mi camino a Beirut. Todo ese tiempo había transcurrido sin que viera a Mohammed, sin tener más noticias suyas que una carta escrita en español y plagada de faltas de ortografía, en la que me explicaba que su situación en Líbano era por el momento mejor de lo que esperaba antes de regresar. El país estaba tranquilo mientras me contaba aquella historia, en la que noté ciertas pinceladas de maquillaje. Lo atribuí, quizá por no perder la esperanza y la fe en las palabras de mi amigo, al escaso dominio que Mohammed tenía de la escritura en castellano. A pesar de que lo hablaba y leía correctamente, siempre le costó plasmar eso mismo sobre papel. Era algo muy similar a lo que me sucedía a mi con el árabe, idioma que había llegado a hablar con cierta soltura, pero del que aun me quedaban muchas cosas que aprender.
A pesar de todo y cargado con mi burdo árabe, puse rumbo a Beirut con la esperanza de reencontrarme con mi amigo y ayudarle en lo que me fuera posible. Muchas noches de inusual preocupación eran las culpables, tanto de mi viaje como de la revelación que había experimentado tan sólo unos cuantos días atrás: Mohammed había sido -y sigue siendo- el único amigo que había tenido en mi vida y como tal le quería. Y como tal le debía mis esfuerzos hasta la extenuación.
A mi llegada no me sorprendió la suave temperatura de un Beirut veraniego del que lo había leído todo. Conocía sus calles, a sus gentes e incluso sus olores, que tantas veces había imaginado. Sin embargo sentí un desasosiego recorriéndome por dentro, posándose en mi estómago y obligándome a tomar una precipitada bocanada de aire. Me vi a mi mismo como un emigrante que vuelve a una ciudad a la que ya no pertenece y de la que quizá nunca debió marcharse.
Tras mis primeras palabras en la lengua de Naguib Mahfuz, me di cuenta de que el dominio del que presumía no era tal, aunque no pude quejarme de las clases de Mohammed, ya que a las pocas horas parecía un beirutí más, tanto por mi acento como por mi manera de atravesar las calles atestadas de un caótico y violento tráfico. Hacía mucho que no hablaba árabe, sólo necesitaba practicar.
Me instalé en uno de los mejores hoteles de la zona cristiana al Este, totalmente consciente de que si quería reencontrarme con mi amigo debería aventurarme en el Oeste de la ciudad, la zona musulmana. Pero eso sería al día siguiente.
Dormí demasiado bien y mientras desayunaba sin hambre, me sentí mal por ello. Ansioso miré mi reloj, ya adaptado a la hora local y luego busque por los alrededores girando sobre mi cintura. Tenía una cita en el bar de mi hotel con el que pasaba por ser el mejor detective privado de Beirut. Tuve el mismo pensamiento al citarme con aquel detective que al reservar habitación en el hotel en el que me encontraba: “Espero que merezca la pena pagar todo este dinero”. El hotel estaba muy por debajo de las expectativas que generaba su precio, confié en que el investigador se ganara sus emolumentos.
Faysal. Así se llamaba aquel hombre que tenía aspecto de profesor. Gafas con montura redonda de color plateado y cristales oscuros. Barba corta y muy negra, sobre una rolliza cara de color tostado y saludable. Mientras conversábamos, la extensa frente que mostraba unas generosas entradas, chorreaba de sudor, a pesar de que la temperatura estaba regulada por ruidosos climatizadores. El poco pelo que asomaba sobre las orejas y cubriendo las sienes era también negro y ralo y se adivinaba limpio a pesar del sudor que lo inundaba. Me sorprendió ver que vestía camisa blanca y desabrochada, chaqueta marrón a la que se le advertía un corte de calidad que me inspiró confianza. Un hombre vestido con gusto y calidad debe tener dinero, si tiene dinero es que se lo gana y si se lo gana, es que es bueno en lo que hace. Él debió ver lo mismo en mí, ya que mientras hablábamos en inglés primero y en árabe después, se notaba en su rostro un gesto continuo de alivio y tranquilidad. Sus pantalones eran igualmente marrones, de un material que no acertaría a definir, pero que parecía fresco y lo suficientemente flexible para no limitar los movimientos. Todos en el hotel lucían traje de corte occidental, algo totalmente diferente a lo que vería horas después en la calle.
Hérincë dijo:
11 Marzo 2009 a 10:22 pm
per0 est0 sól0 es media parte! la mieL en l0s labi0s…
Gaitanowski dijo:
19 Marzo 2009 a 3:50 pm
Me sumo a la opinión de Hérincë
Me ha gustado la referencia al gran Gibhran….
fanou dijo:
25 Marzo 2009 a 2:51 pm
Te haces de rogar…
Esperamos expectantes.
Víctor dijo:
7 Abril 2009 a 1:43 am
Jaja, qué jodío. Sólo te ha faltado el “volvemos en 5 minutos” con la musiquita de Cuatro xD
Hérincë dijo:
19 Abril 2009 a 10:28 pm
buen0, ké pasa? y la tercera parte???
plasplasplas dijo:
8 Mayo 2009 a 12:40 pm
Llego a casa un día aburrido. Como siempre enciendo el ordenador, el messenger… pero hoy no me apetece hablar con nadie. Sin embargo, en uno de mis contactos pone: http://lamovidachunga.wordpress.com. Ah si!! cuánto tiempo sin entrar!! 3 relatos nuevos, perfecto. Pero qué pasa?? por qué desde el 10 de Marzo aún no hay la parte III??? ahora me tocará entrar todos los días esperando un nuevo relato…
Gaitanowski dijo:
7 Septiembre 2009 a 1:41 pm
Queremos 3ª parte ya!! O te secuestramos y te obligamos a escribir, como en Carrie!