La foto
Llego a la puerta de casa. Meto la llave y tengo que dar tres vueltas para abrir. Bien, no hay nadie. Podré sentarme tranquilo, relajarme, pasar un par de horas sin hablar. Perfecto. Encender el ordenador y navegar hasta aburrirme. Pensar y desahogarme como buenamente pueda. Juego con mi mascota, cojo una botella de agua fría y me dirijo al dormitorio, a disfrutar. Leyendo, escuchando música, lo que sea que me haga olvidar. Me siento frente al ordenador, lo enciendo. Todo va bien.
- ¡Eh, tú!
- ¡Hostia!
Me levanto de un salto mientras empujo el portátil contra la pared.
- ¿Quién ha dicho eso?
¿Me he vuelto ya loco? Es demasiado pronto. ¿O no? Imaginaciones.
Me vuelvo a acomodar en una silla bastante incómoda gracias al calor y sobre todo a los recuerdos de lo que algún día hice sobre ella.
- ¡Tú!
- ¡Joder!
¿Pero qué pasa? ¿Quién habla? No puede ser.
- Mírame joder.
Estoy de nuevo en pie. Miro a mi alrededor y no veo nada.
- ¿Estás tonto?
Al fin centro mi vista en el corcho lleno de fotos que adorna la pared que se encuentra encima de mi mesa. No puedo creer lo que veo. Una de las fotografías ha cobrado vida ¡Se mueve!
- Ya era hora.
- Pero…
Ahí estoy, en Amsterdam, rodado de amigos y con una amplia sonrisa en la cara. ¿Cómo puede ser que una foto me hable? Una foto en la que yo soy el protagonista.
- Tío ¿qué haces? -prosiguió ahora con voz y gesto paternal- ¿Por qué estás otra vez así?
Incrédulo abro aun más los ojos.
- ¿No te das cuenta de que estás igual que siempre?
- No. No lo estoy.
- Siempre igual, Álvaro.
- Te estoy diciendo que no. Esto no es igual.
- Mírame a mi, sonriendo feliz, rodeado de amigos…
- ¡Calla!
- No me puedo callar.
- Mierda…
Una puta lágrima brota de mi ojo izquierdo.
- ¿No te gustaría estar como yo? Siempre feliz, sin pensar en cosas que no merecen la pena.
- ¿Qué no merece la pena?
- Estar así, como tu estás.
- ¿Convencido? ¿Curado?
- Jodido.
- No estoy jodido.
- Más que nunca.
- Eso es mentira, y lo sabes.
- Me sacas cuatro años, pero parece que sé yo más de ti que tú mismo.
- Tú siempre lo sabes todo…
- Sé lo suficiente -trató de interrumpirme.
- …pero no tienes perspectiva -terminé.
Creo que después de esto vio el odio en mi cara e intentó apaciguar mis ánimos.
- Vale, quizá tu sepas más. Pero no lo bastante como para no hacernos sufrir. Mírame, soy feliz ¿por qué crees que sonrío?
- Porque no tienes preocupaciones. Ni responsabilidades. Ni quieres tenerlas.
- Y porque sigo esperando.
- ¿Esperando? ¿A qué?
- ¿A qué? Más bien a quién.
- Vale. ¿A quién?
- A quien tú y yo sabemos.
- Tú no la conoces, estás anclado unos cuantos años antes de que ella apareciera.
- Tú eres tonto ¿Ya ha aparecido?
- Por supuesto ¿es que no me explico?
- Te explicas igual que lo haría un gilipollas. ¿De verdad piensas que es ella?
- No necesito pensarlo. Lo siento.
- Tú y tus sentimientos. Te van a matar. Ya te han puesto al borde del suicidio y eso no puedes negarlo.
- ¡Joder! Sabes perfectamente que nuca llegaría a ese extremo, por mucho que lo piense.
- ¿Ahora si piensas? ¿Ya no sientes?
- Dilo como quieras, nunca haría eso y lo sabes.
- Sinceramente, ya no lo sé.
- Vete a la mierda.
- Si, ahí es donde estás tú ahora mismo. Y de donde no quieres salir.
- Te equivocas. Tú acabas de salir de la mierda. Eso quedó muy lejos para mí. Tanto como tú…
- Bien. Eso está mejor.
- Es verdad. Ahora no es como tú piensas.
- ¿Y qué es lo que yo pienso?
- Que es todo como la primera vez. Y no es así. Han cambiado muchas cosas. Yo he cambiado, ella no es igual…
- Ella, ella, ella… Deja ya de pensar en ella.
- No quiero. No puedo.
- Ese es tu problema, que no quieres.
- Vale, si quiero, pero no puedo.
- ¿Por qué? Ya lo has hecho más veces.
- Pero esta vez es distinto…
- No lo es.
- Que si lo es ¡joder!
- ¿Por qué estás tan seguro?
- No lo sé, pero lo estoy. Y sabes perfectamente que en estas cosas no me equivoco. Las huelo a distancia. Lo vi todo claro hace ya más de un año…
- Te estás engañando.
- Que no joder. Que es así. Es distinto. No trates de convencerme, porque no vas a poder. Si yo siento algo es que es de verdad. Si digo algo, es que es así.
- Cierto. Pero ¿y si ella no lo siente?
Tuve que callarme, ahí tenía razón. Puta foto impertinente.
- No puedes creer que todo lo que sientes es verdad -prosiguió.
- Pues lo hago, y has de admitir que eso nunca nos ha fallado.
- Hasta ahora.
- Pero ¿por qué? ¿Por qué quieres joderme?
- No quiero joderte, quiero lo mejor para ti, y sabes lo que es. Odia y luego olvida. Es algo que siempre nos ha funcionado. Es el ciclo. No puedes negarlo.
- Pues lo niego. Esta vez no es así. No me importa lo que haya pasado. Esta vez me importa lo que siento. Y lo que siento no engaña. Es puro. Es verdadero.
- No hay nada verdadero. Y menos en el amor.
- Esto no es sólo amor. Es algo más.
- ¿Algo más? ¿Hay algo más que el amor? Explícame qué.
- Pues no sé si puedo explicarlo. Sólo sé que mi conexión con ella es superior a la que tengo contigo en este momento. Y eso que tú eres yo mismo.
- Deja de decir gilipolleces. Eres patético.
- Lo sé. Patético. Pero seguro.
- Vete a la mierda.
- Jajaja -me río descontrolado. Me doy un poco de miedo. Soy un miedica.
Se da la vuelta y deja de mirarme. Es extraño que incluso yo mismo me de la espalda. Aunque he de admitir que las vistas que debe observar mi yo fotográfico son estupendas.
- Recuerda lo que te prometiste. No volver a pasar por esto. Una y otra vez. Fue una letanía durante meses. Años incluso. Y ahora vuelves a estar sumergido en el mismo lago de mierda que casi te ahogó hace no demasiado tiempo. Además ¿por qué no has puesto ninguna foto de ella junto a mí? No la veo por ningún lado -y sonrió de manera maliciosa.
- Lo primero, esto no es un lago de mierda. Es otra cosa. Y lo segundo… -vacilé.
- No has puesto ninguna foto porque sabías que esto iba a pasar. Sabías que te iba a joder, como todas.
- ¡No! No puse ninguna porque sabía que tendría toda la vida para sacarme fotos con ella y colgarlas en mil y un sitios.
- Si, mil y una noches ¿no?
- Exacto -dije asustado, medio llorando ya.
- Eres gilipollas.
- No entiendes nada.
- Ni tú. Ni ella.
- Yo si.
- Sabes que eso no es verdad -y en parte tenía razón.
- Álvaro -siguió- deja de torturarte. No sirve para nada.
- Ahí te doy la razón, pero no puedo parar.
- Date tiempo.
- ¿Tiempo? Eso ya no existe.
- Sigues siendo un romántico.
- Siempre.
Se planteó un silencio intenso. Reflexivo. Pero en cuanto vio el brillo de mis ojos cristalinos, prosiguió.
- Sabes perfectamente que nadie te quiere más que yo, por muy egoísta que suene.
- De eso va esta conversación ¿no? De egoísmo.
- A lo que me refiero es a…
- Ya, que todo lo que dices es por mi bien. Pero parece que no me conoces. Sabes como soy. Sabes lo que hago y lo que pienso. Y sabes perfectamente que esto es de verdad, por muchas cosas horribles que hayan pasado y…
- Si, si, si… No trates de convencerme. Veo que estás en lo cierto. Que lo que sientes es lo más cerca que vas a estar nunca de la verdad. Siempre nos ha pasado. Pero no te dejes hundir. No te rindas. No te vendas. No seas gilipollas Álvaro. No tienes necesidad. Hay muchas…
- ¡No! -le interrumpí- no hay muchas. Hay una.
- Esa una ya no te quiere.
- Quizá, pero ya sabes como soy. Eso no me importa. No me importa nada.
- Tío, odiala. Haz lo de siempre. Que se termine cuanto antes. El odio precede al olvido. Es la manera natural.
- Por eso nunca la olvidaré. Porque no hay odio. Más bien todo lo contrario.
En ese justo momento se dio por vencido. Retrocedió un pasó y volvió a su lugar original en el retrato. No volvió a hablar.
Yo me fui a la cama y lloré toda la noche.
En una cosa tiene razón, soy gilipollas.
Yo tengo razón en otra. Ahora sé la verdad. Tantos años buscando hacen que uno esté seguro cuando encuentra lo que quiere.
Lástima que ella no piense igual, o que al menos no actúe en consecuencia.
Volar o no volar
¿Cómo te sientes mujer, al estar ya en unos brazos distintos, tan ajenos, tan poco familiares? Al pasar de los míos a los de otro sin tener siquiera tiempo para descansar. ¿Cómo te sientes al embadurnarte de su olor sin tan siquiera esperar a desprenderte del mío?
Te sientes bien, por supuesto.
Te sientes bien porque no piensas en que no sólo mi olor se fue contigo, sino también la mente, el corazón y la vida. Te da igual. No te importa. No piensas, sólo tratas de sentir y de olvidar. Mientras yo recuerdo y siento como siempre, o incluso más.
Te sientes bien porque has volado de una rama a otra fijándote sólo en lo que encuentras frente a ti. Concentrándote en aterrizar con delicadeza, en empezar bien tu aventura en una nueva copa. Pero aun no te has parado, no te has girado a observar el árbol que te cobijó hasta ayer mismo. El árbol del que comiste frutos que jamás volverán a nacer, que prefirieron caer en tierra yerma antes de que otros que no fueran tú los saborearan, porque eran sólo tuyos. El árbol del que te alimentaste en momentos de hambre, de sed o incluso de lágrimas. La sombra bajo la que te refugiaste para curar tus heridas y que ya no te sirve, aunque tenga las mismas ramas, las mismas hojas y proyecte la misma figura. El árbol que habría arrancado sus raíces y las hubiera introducido en una nueva tierra, desconocida y extraña, sólo con que le hubieras pedido que lo hiciera. El árbol que nunca se había sentido tan anclado al suelo como hoy, porque nunca antes deseó tanto volar, quizá detrás de ti. Y no te has dado nunca cuenta de todo esto, hasta tal punto llega tu injusticia
El árbol al que despreciaste sin ninguna explicación, sólo porque viste uno quizá más alto, más fuerte y más verde. En él harás tu nido, incubarás tus huevos y cuidarás a tus polluelos. O no, porque quizá antes de todo esto descubras uno aun más alto y más fuerte. Y más verde.
Vuela libre. Siempre habrá sombra para ti.
La canción
-…siempre es la misma función…
Me descubrí mirando la radio y asintiendo, sin tan siquiera darme cuenta de que la canción no me recordaba a ella, porque no necesito recordarla. La tengo en mi mente cada segundo, como desde hace más de un año. ¿Cómo voy a olvidarla ahora? Cuesta. Y mucho.
Los ciclos no dejan de repetirse, una y otra vez. Sólo los matices distinguen unos de otros y esta vez el matiz es tan grande que se ha convertido directamente en una definición. El mismo teatro, el mismo actor protagonista que es a la vez espectador. Sólo cambia la actriz y eso es precisamente lo doloroso, que esta vez era la idónea para ganar el Óscar. Y al final lo más probable es que todo el mundo se olvide de la película en un santiamén. Todos menos yo, y eso también duele bastante.
Y menuda película. De las que hace llorar cuando termina, porque te das cuenta de que dos horas no son suficientes para mostrar todo lo que hay dentro, ni todo lo que hay detrás, ni todo lo que podría haber después. Ni dos horas, ni dos años, ni dos vidas. Y yo sigo pensando que la película ni siquiera acabó, se quemó en uno de sus primeros fotogramas y la encargada del cine, o de la magia, está cansada o desilusionada o vete tú a saber qué y no tiene ganas de arreglarla y ver como termina. Y lo peor de todo es que a la encargada no se le puede protestar. Quizá se puede pedir la hoja de reclamaciones o descargar la tensión o la tristeza en un diario. Pero como todos sabemos, esas hojas y esos diarios al final se pierden o se olvidan y acaban por no servir para nada.
Se acabó la vida de película y comienza la de las pesadillas sin dormir. Se acabaron las mariposas en el estómago, que se convierten en larvas unidas en fila india, formando una cuerda que se anuda una y otra vez y no te deja respirar. Se acabó la vida y comenzaron los recuerdos, que ya no son vida. Se acabó el futuro y empezó el pasado a repetirse de nuevo, como los ciclos. La misma función de siempre.
La radio seguía ahí, en algún lugar, sonando de fondo exactamente igual que ella. La cama caliente y los mosquitos alrededor de la lámpara de tres bombillas no mejoraban precisamente las cosas.
-…y perder la razón…
Ya la doy por perdida, se fue con ella.
Apago la radio.
Al fin hace efecto la pastilla.
Me voy quedando dormido, un sueño irreal.
Mañana será otro día y quizá despierte y la pesadilla termine. O quizá siga siendo cada vez peor. O quizá nada de esto pasó nunca y el rollo sigue dando vueltas en el proyector, repitiendo una y otra vez un año de película.